Street Clock -un hermoso proyecto de intervención urbana creado por 3eyes- muestra como las horas del día son señaladas por las sombras del mobiliario urbano o un balcón
Street Clock -un hermoso proyecto de intervención urbana creado por 3eyes- muestra como las horas del día son señaladas por las sombras del mobiliario urbano o un balcón

Desarrollados por AIGA, estos 50 símbolos estándares para la señalización de calles, aeropuertos están disponibles ahora en la web gratuitamente. Pueden descargar las muestras en formatos de EPS y del GIF.
Este sistema de 50 símbolos fue diseñado para el uso en la vida moderna: en aeropuertos, cubos, carteles, transporte y en los grandes acontecimientos internacionales. Producido con una colaboración entre el AIGA y el departamento de transporte de los Estados Unidos.

Vivimos tiempos de declive de la esfera pública o desplazamiento del centro de gravedad de la centralidad cívica desde las instituciones y los espacios públicos al dominio privado.
Las élites urbanas tienden a retirarse del ámbito público, tanto en términos geográficos como en su compromiso con la ciudad, y los actores de la nueva economía utilizan la infraestructura urbana pero carecen de un proyecto de sociedad y una idea de ciudad. Ello es fruto de la carencia de valores de naturaleza colectiva asociada a los sectores globalizados de la economía red.

Los espacios públicos son, o al menos eran, la razón de ser de las ciudades. El “pro-común” urbano tradicional ha ido languideciendo por su propia obsolescencia al no adaptarse a los nuevas necesidades y usos de las ciudades, al tiempo que nuevas ofertas desde el ámbito privado cubren ese vacío y resultan más atractivas para los ciudadanos. El centro comercial sustituye a la plaza. Se suele demonizar al centro comercial, olvidando que viene a ocupar el “espacio de relación” que ya no ofrecen los espacios públicos tradicionales.
Pero, ¿podemos abandonar totalmente los espacios públicos y sustituirlos por espacios privados y comerciales? Siendo estos últimos útiles, en estos momentos no parecen cubrir la diversidad de usos y las necesidades de libertad de interacción que necesita la sociedad red.
Los espacios públicos modernistas están en declive en nuestras ciudades. Se ha culpabilizado de este proceso a la privatización del procomún analógico víctima de una forma de capitalismo en que los mercados se entienden como estrategias de ocupación del poder por parte de grupos de presión. Pero existen explicaciones que tratan de ir más allá del victimismo y que constatan que los viejos espacios públicos han dejado de ser funcionales y aportar valor a los ciudadanos. Al tiempo ciertos modelos de espacios de uso público y gestión e iniciativa privada ocupan su lugar hoy en día en la vida de los ciudadanos. Estos nuevos promotores privados, al contrario que los gestores y “diseñadores” de los espacios públicos, aportan funcionalidad y han logrado gestionar eficazmente la realidad posmoderna ligada a la sociedad del espectáculo y a los mecanismos de presión política.

Edward Glaeser, profesor de economía en la Universidad de Harvard comenta en The New York Sun (The Modernism that failed?) el último libro del sociólogo, y profesor emérito de la misma universidad, Nathan Glazer. From a Cause to a Style (Princeton University Press) es una colección de ensayos donde trata de identificar las razones por las que el movimiento modernista ha fracasado en la arquitectura: “How did a socially concerned architecture come to be condemned, 50 years later, as soulless, bureaucratic and inhuman?”.

Infrastructure: A Field Guide to the Industrial Landscape (2005) de Brian Hayes (en Amazon.co.uk), es uno de los libros esenciales de Worldchanging. Un fascinante viaje fotográfico por redes eléctricas, plantas energéticas, minas, campos agrícolas, presas, autopistas y carreteras, aeropuertos, puertos, plantas de procesado de basura…
La parte más olvidada de las sociedades humanas. El hardware que hace que las ciudades funcionen y que ha transformado radicalmente la superficie terrestre creando nuevos paisajes que son frecuentemente ocultados. En este libro, en lugar de tratar la tecnología como un oscuro interés de los ingenieros, la convierte en un objetivo estético y adopta un formato provocador, el de la guía turística o de la naturaleza.

Cómo solucionar el problema del tráfico en las ciudades? Hasta ahora esta cuestión se ha afrontado con una mezcla de regulaciones del uso de vehículos particulares y promoción de alternativas basadas en el transporte público y “medios ligeros” (las bicicletas o, aún más simplemente, caminar). Este enfoque “económico” (jugando con incentivos y penalizaciones) y moral (concienciando a los ciudadanos de sus responsabilidades) ha tenido un cierto éxito, pero no parece que logre, por sí sólo, resolver todo el problema. En esta ecuación ha faltado innovación en dos variable fundamentales: la tecnología y el diseño de nuevos usos de la ciudad. Poco o nada se ha hecho por favorecer la eficiencia (energética y de tiempo) del medio de transporte fundamental con que contamos hoy en día en nuestras ciduades: el vehículo particular.

Unos mil millones de personas viven en (Bidonvilles // Favelas// Ranchos o Slums) en el mundo, y unos 500 millones más se añadirán hasta 2020. Las megalópolis del Tercer Mundo crecen de modo inexorable y su paisaje urbano revela la existencia de dos ciudades en una. Sin áreas de transición, los barrios más pobres se extienden por la ciudad y alcanzan los límites de los barrios residenciales o de negocios. Muros y autopistas parecen convertirse en la nueva versión de las murallas medievales defendiendo a las clases acomodadas de la invasión de la pobreza. Deputydog nos presenta en Extreme rich-poor divides (vía Core77) fotografías aéreas de estas brechas en tres ciudades (en los enlaces se puede acceder a la localización en Google Maps; el post original presenta más fotografías de cada sitio).
El software libre se ha convertido en un paradigma para la producción de conocimiento en la era digital, no tanto por los principios éticos que lo animan sino por su demostrada eficiencia económica y la calidad de los productos finales. De este modo los paradigmas del software libre y del código abierto se extienden poco a poco a otros ámbitos de la producción de conocimiento.